miércoles, 8 de mayo de 2013

Si nos quejamos de todo quitamos la voz a los que sí tienen razones para quejarse


Texto publicado en pastoralsj

FRENTE A LA CULTURA DE LA QUEJA



Es curioso cómo a menudo uno se descubre protestando por casi cualquier cosa. Siempre encuentras motivos para sacar punta a la realidad. Siempre hay fisuras, problemas, la realidad es incompleta y se pueden hallar, en los otros, aristas inconvenientes. Y ante ello, se impone protestar, porque si no, te pisan, te ningunean, o te tienes que comer los marrones de otros. Y así, se van sumando voces al coro de lamentos. Todos podemos protestar, unos de otros. Se queja el estudiante de los profesores, estos de los compañeros, todos de la dirección. Los hijos protestan por los padres, y estos se lamentan de lo ingobernables que se han vuelto sus críos. Se quejan los creyentes de la sociedad secularizada que ataca y critica. Los no creyentes de la Iglesia que se quiere imponer. Se quejan los cristianos de a pie de los obispos. Estos, del mundo. Se quejan los trabajadores de los jefes, y estos de aquellos. Se queja la ciudadanía de los políticos, y estos, unos de otros, y todos de «la coyuntura». Hay tantos motivos para protestar, que parecería hasta insolidario no hacerlo, ¿Verdad?  (sigue el texto en pastoralsj)