viernes, 9 de marzo de 2018

Carmen Serrano nos trae noticias de la acción del BICE en Argentina

Fiesta de la Virgen de Luján

“¡Salgan a las periferias! Periferias geográficas y existenciales”
Invitación frecuente del papa Francisco a los cristianos.
Pero, ¿Dónde están estas periferias?
La lista sería larga: niños y niñas sometidos a toda clase de violencias, que viven en pobreza extrema, jóvenes atrapados en la droga y en el consumo, mujeres excluidas por su situación socioeconómica o de raza, desempleados, emigrantes, refugiados, presos, indigentes… seguramente todos conocemos situaciones que podríamos añadir a la lista.

Desde el año 2016, el padre Adrián Bennardis, es el responsable de la Comisión de Niñez y Adolescencia en riesgo del Arzobispado de Buenos Aires.


Campamento de jóvenes Villa Soldati
Conocí al padre Adrián en el taller de formación para docentes de barrios vulnerables de la ciudad de Buenos Aires. La formación se realizó este mes de febrero y  estuvo organizada por la Mesa Bice Argentina, de la que forma parte como miembro la Comisión.

Terminada la formación, el padre Adrián nos invitó a conocer la Villa (asentamiento informal que recoge a los más pobres de la sociedad argentina y a emigrantes) donde ejerce su ministerio como sacerdote.





Con un calor sofocante recorrimos un laberinto de callejuelas y pasillos sin pavimentar, con desagües a cielo abierto, casas construidas con materiales de desecho. El ambiente traía ruidos, músicas y olores de todo tipo que golpeaban cualquier sensibilidad. Pero mi inquietud se sentía mitigada por la presencia del padre Adrián, al que todos saludaban o pedían algún servicio con cercanía y respeto, desde la ancianita, a la mamá con los niños, el adulto que reparaba algo, hasta los jóvenes alocados en una moto. Nos parábamos una y mil veces, y el padre escuchaba, preguntaba, respondía, sin prisas y siempre con una gran sonrisa.

He agradecido enormemente este breve recorrido porque me ha dado algunas claves para comprender el significado de la expresión “pastoral de la presencia” de la que habla el Papa Francisco, en contextos de gran vulnerabilidad.

De vuelta a la parroquia, una pequeña iglesia blanca, abierta y cuidada, le hago unas preguntas  para conocer mejor su trabajo.

Padre Adrián,

Un cura villero no es un cura al uso
Tal vez lo importante sea tener claro que los curas villeros, no son algo nuevo, ya hace 50 años que la Iglesia de Buenos Aires, a través de sus sacerdotes comenzó a caminar este camino. Tal vez lo particular fue que tenían claramente “un oído en el pueblo y el otro en el evangelio” y fueron descubriendo lo que el pueblo, los sencillos, querían y necesitaban. Al principio, tímidamente fueron apareciendo como curas obreros, uno más en el barrio, pero rápidamente descubrieron que el pueblo los quería curas, cercanos, uno más… pero cura. Que quería el bautismo de sus hijos e hijas tanto como que caminaran juntos en la lucha por sus derechos, en la lucha por el agua para el barrio, por la vivienda, por la educación. Y así, con el oído sensible y cercano al pueblo, los curas de las villas fueron descubriendo lo que en cada etapa de la historia de salvación, concreta y encarnada, el pueblo sencillo necesitaba y pedía. No es lo mismo el cura de las villas de hoy, que el de los años 70 o 90. Pero si la línea de continuidad está dada por esa cercanía, ese compromiso, esa alegría de vivir lo mismo, esa fe sencilla y profunda.

Nuestra puerta es una puerta más del barrio, que se toca y uno va y la abre. Se acompaña la vida como viene. Esto incluye desde la escucha profunda frente a experiencias duras de la vida, hasta “Padre, ¿no tiene un poco de aceite?”. Incluye, acompañar el dolor de una muerte violenta de un joven, y el acompañar es, tanto ese dolor profundo e incomprensible, hasta ayudar en los trámites, generar mecanismos más económicos de sepelio, abrir las puertas de la parroquia para hacer el velatorio, celebrar la misa del difunto y luego la novena, seguir caminando con la familia. Incluye la alegría del bautismo que nuestra gente celebra con mucho entusiasmo hasta, cada una de las fiestas que nuestra gente trae de su lugar de origen. Respetando sus costumbres. Y eso es hermoso y valioso.

La iglesia y la escuela en medio de la Villa ¿Son importantes?
Así como el Papa Francisco plantea las tres  `T´ -Tierra-Techo-Trabajo- como camino para que un pueblo pueda vivir bien, de manera equivalente, el equipo de sacerdotes para las Villas propone las tres `C´ -Capilla-Colegio-Club- como espacios sanos y dichosos de inclusión social que ayudan a los niños, niñas, adolescentes y jóvenes a no quedar expuestos a la droga, las armas y la violencia.

Recordemos que de acuerdo a los datos estadísticos del último censo, en las villas de la ciudad de Buenos Aires, el 42% de la población tiene menos de 17 años, es una población extremadamente joven, en un contexto de extrema situación de vulnerabilidad social.

La capilla, el colegio y el club aparecen como esos espacios que acompañan a las familias, espacios que acompañan la vida y la crianza en sus distintas etapas y  momentos de la vida. 

La clave es la mirada. Nos pasa que muchas veces encontramos un chico o una chica consumiendo paco (droga de mala calidad) en un pasillo, tirado en la calle. En primer lugar hay una mirada que ve un problema de consumo. Pero si miramos un poco más en profundidad, vemos que hay un problema de exclusión social grave, hay falta de escuela, estudios no terminados, nula capacitación laboral, hay tuberculosis, está sin vivienda, en situación de calle. Y mirando en mayor profundidad aún, hay algo que no se ve, no se mide y es mucho más doloroso tal vez, descubrimos una orfandad de vínculos, una orfandad de amor. Somos huérfanos en el amor. Y los chicos y chicas tienen un profundo deseo de tener hogar, de tener familia, de tener casa.

Entonces, nos planteamos la capilla como familia extendida, donde los chicos que vamos acompañando puedan decir realmente: esta es mi familia, esta es mi casa, este es mi hogar. La capilla como esa familia grande que busca que nadie se pierda. Y aparece la capilla con sus movimientos de jóvenes, de niños, niñas, de misioneros, de mujeres y de varones que se comprometen. Que caminan juntos. 

En nuestros barrios, muchas veces nos encontramos con los pibes de la esquina. Esa esquina les da identidad, pertenencia. Y a esa esquina se acercan muchas veces propuestas negativas del mundo adulto, vinculado a la droga y al delito. El narcotráfico es una institución que está todos los días y a toda hora y que pone en riesgo la vida de nuestros chicos y  chicas. Por eso es necesario acompañar la vida de los chicos y chicas más allá del fin de semana, como se hace desde la capilla.

Es necesario iniciar procesos de acompañamiento que se den a lo largo de la semana y que se sostengan en el tiempo. El club trabaja en “Identificarnos y pertenecer a esa familia de colores del club" que rescata de la muerte, del  olvido y la desgana. Y que  ofrece un rumbo, una meta, un ideal, un amigo y una Madre.

El club es la herramienta para jugar otros partidos, como dice un joven cura amigo, el club nos invita a pelear el partido "de la Vida", nos comprometemos a enfrentar los rivales más peligrosos, la violencia, el prejuicio, la indiferencia y la tristeza, nos esforzamos para defender la vida como viene.

En el club de nuestro barrio, el CAVI, vienen unos 600 pibes y pibas, y hacen más de ocho deportes desde fútbol masculino y femenino que son los más numerosos, hasta taekwondo pasando por hockey, patín, hándbol. Usamos las canchas y espacios públicos, eso significa compartir con los vecinos la cancha, compartir con otras organizaciones y llegar a acuerdos. Porque todos y todas estamos preocupados por nuestros niños y jóvenes.

Es hermosa la oración que los chicos y chicas del CAVI rezan cada día, cuando terminan de entrenar y sintetiza bien el espíritu de la pastoral.
Virgen Inmaculada
Patrona de nuestro barrio
Patrona de nuestra vida,
Hoy queremos pedirte
Que nos cubras con tu manto
Que nos ayudes a ser un equipo
Que transpira la camiseta adentro y afuera de la cancha
Ayudándonos entre todos a ganar el partido de la vida
Que siguiendo los pasos de Jesús
Amigo, hermano y compañero
Demos la vuelta en el cielo
Amen

La comunidad de la escuela, de la capilla, del club, se organizan para recibir la vida como la vida viene. "Recibir la vida como la vida viene y acompañarla cuerpo a cuerpo", es un principio que ya el Cardenal Bergoglio-Papa Francisco nos propuso. Y eso busca hacer el colegio, la capilla y el club en nuestros barrios.

Nos mueve la certeza de que Jesús salió al encuentro del pueblo especialmente de aquellos que están solos, débiles y necesitados. Cada vez que se encontraba con la samaritana, con la prostituta, con el leproso, Jesús les devuelve su dignidad.

Nuestra misión es continuar el camino abierto por Jesús. Defender la vida exige, no sólo combatir las muertes que nos rodean, sino ser creadores de vida, profetas de la vida, testigos de otra vida mejor. La utopía evangélica del Reino de Dios y su justicia, aquí y ahora.

Gracias padre Adrián por su testimonio de Vida y compromiso.

Carmen Serrano
Colaboradora del Bice (oficina internacional católica de la infancia)

Buenos Aires 1 de marzo 2018


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