lunes, 18 de junio de 2018

DE LA UTILIZACIÓN DE LOS SÍMBOLOS RELIGIOSOS EN ACTOS OFICIALES


Lo religioso, 
pan y circo
El pasado sábado me llamó mucho la atención el énfasis que había en las noticias y redes sociales sobre la decisión de Pedro Sánchez de tomar posesión de su cargo sin jurar ante la Biblia o el crucifijo. Había comentarios de todo tipo. Casi parecía –una vez más– que lo del crucifijo y la Biblia era tan solo la excusa para posicionarse a favor (qué bien, el estado laico, la libertad, la coherencia, el sin-sentido de utilizar símbolos que para ti no justifican nada); o en contra (qué ganas de destacar, qué poco respetuoso con la tradición, si ya Tierno Galván decía que no le molestaba el crucifijo que representaba a un hombre bueno asesinado por la justicia…).

La verdad es que, personalmente, prefiero que los símbolos religiosos no se manoseen demasiado ni se perviertan, y me parecería bastante artificial –y hasta un poco inconveniente– que quien no cree tuviera que jurar por una Palabra que para él no significa nada. (Lo que no se aplica igual hablando de la Constitución, porque es una ley en la que no secree sino que, mientras no haya otra, es el fundamento jurídico que da sentido a nuestro Estado). Exactamente igual que me repatea que quien no cree convierta la primera comunión en la excusa para reunir a la familia, más por convención que por convicción. O que me sienta fatal que todavía haya quien, no creyendo, se casa por la Iglesia porque ahí las fotos quedan más bonitas y la ceremonia más vistosa.

Por otra parte, y ya al margen de esta toma de posesión, 
me parece que es muy goloso utilizar el tema religioso como forma de distraer la atención pública. Porque las polémicas sobre temas eclesiales siempre generan de inmediato alineamientos y forofismos radicales. Basta con dejar caer unas palabras sobre los acuerdos con la Santa Sede, la X y la financiación de la Iglesia, la clase de religión, los colegios privados, la opinión de la Iglesia sobre legislación en temas morales (ya veremos qué pasa con la eutanasia), y rápidamente echa a rodar la bola de nieve del español que va detrás de los curas, o con palos o con velas. Pero, la verdad, tenemos preocupaciones y problemas muy graves, como sociedad, como país y como ciudadanos.
Ojalá esta vez no se utilice lo religioso como cebo para exaltar las pasiones y distraernos de los grandes retos, mucho más urgentes, que nos toca seguir afrontando en el camino hacia una sociedad más justa, más libre y más plural.



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