Meditar frente al mar
…”Vino primero un huracán tan violento que hendía los cerros y quebraba las rocas delante de Yahvé. Pero Yahvé no estaba en el huracán. Después hubo un terremoto, pero Yahvé no estaba en el terremoto. Después brilló un rayo, pero Yahvé no estaba en el rayo. Y después del rayo se sintió el murmullo de una suave brisa. Elías al oírlo se tapó la cara con su manto, salió de la cueva y se paró a su entrada…”1Re,19, 11-13.
Algunas personas aprovechamos este tiempo de vacaciones para regalarnos espacios naturales que nos sumerjan en entornos que actúen como remedio a nuestras mentes deseosas de calma, sosiego, paz...
Contemplar el mar tiene una efecto pacificador. El mar como la vida, no se deja controlar. Sólo podemos entregarnos, soltar el miedo y confiar, aunque el oleaje se vuelva un reto . “La confianza y nada mas que la confianza nos debe conducir al Amor” decía Santa Teresita.
El mar en su inmensidad es espejo del misterio de Dios y de los interrogantes del ser humano, nos invita a detener el paso, a dejar de lado el ruido cotidiano, a contemplar, a escuchar, a soltar las amarras…
“Mi alma se parece al mar
tiene olas y tempestades; pero en sus profundidades
muchas perlas se han de hallar.” Heinrich Heine
Carmen Serrano
